Frecuentemente se cita a Karate como una de las bandas precursoras del (mal) denominado post-rock, un auténtico cajón de sastre en el que cabe desde Sigur Rós hasta Tortoise (algo que ya expliqué en el repaso -nunca terminado- de la década). Y, aunque me resisto a estar 100% de acuerdo con esta cita histórica, sí que me atrevo a afirmar sin ningún riesgo a equivocarme que el grupo liderado por Geoff Farina fue uno de los más influyentes de los 90. En 2004 publicaron el imprescindible Pockets, su último álbum de estudio antes de su disolución en 2005, que funciona como resumen perfecto de sus más de 10 años de carrera.
Lo primero que llama la atención de Pockets es su producción, que puede parecer un tanto austera y descuidada, más todavía si tenemos en cuenta el explosivo sonido de otros grupos del género como Explosions In The Sky o Mogwai. Pero a los pocos segundos esa misma producción logra trasladarnos directamente al estudio, como si fuéramos privilegiados espectadores de una de sus sesiones, como si tuviéramos a Karate tocando sólo para nosotros. Y es aquí donde llega otra de sus características inimitables: su autenticidad.
Los de Geoff Farina nunca creyeron en falsos artificios. Lo suyo siempre fue tocar y cantar de manera excepcional y no darle más vueltas. En cada una de sus canciones se escucha perfectamente cada integrante del trio: la guitarra de acordes jazz con sus solos de gran complejidad, el bajo con una personalidad tan encantadora como inusual y la batería llena de referencias que no te esperas. Una fórmula que posteriormente hemos podido escuchar en otras bandas (la comparación con los geniales The Whitest Boy Alive es, a día de hoy, inevitable).
Pockets es uno de esos pocos discos al que no le sobra ni falta absolutamente nada. Solo con la inicial "With Age" ya sería suficiente para recomendarlo a todo el mundo, pero lo realmente sorprendente es que el nivel nunca decae, hasta llegar a extremos de calidad, emoción y experimentación que difícilmente se volverán a repetir. Es imposible no estremecerse con "Water". Es complicado no contagiarse de los ecos funky de "the state I'm In' Aka 'goode Buy form Cobbs Creek Park". Es prácticamente utópico pensar que una canción como "Tow Truck" es comparable a algo que hayas escuchado antes.
Puedes escuchar Pockets de Karate en Spotify.
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martes, 13 de marzo de 2012
lunes, 14 de diciembre de 2009
2000-2009: La banda sonora de una década (III)
Fotos de la década de la Agencia Reuters: El Primer Ministro de Israel, Ariel Sharon, mira a través de un par de binoculares con las tapas de las lentes aún puestas. REUTERS / Nir EliasCapítulo 2. Nuevas visiones del rock.
En 1999, el cuarteto islandés Sigur Rós publicó su segundo disco, titulado Ágætis byrjun ("Un buen comienzo"), que, efectivamente, supuso el inicio perfecto para la repercusión a escala mundial del post-rock, un estilo musical originado a mediados de los 90. Bajo esta confusa etiqueta se han llegado a clasificar grupos y artistas tan dispares como Isis y Karate, que, aunque ciertamente no tienen demasiado que ver entre ellos, sí que comparten una característica en común: la voluntad de experimentar con el rock, incorporándole elementos propios de otros géneros y buscando nuevos lenguajes y vías de expresión. La década 2000-2009 ha visto que, con frecuencia, las estructuras rígidas del rock más tradicional se han ido diluyendo para dar paso a propuestas cada vez más inclasificables.
Entre ellas, se encuentran las llevadas a cabo por bandas como Mogwai o Explosions in the Sky, que continuamente juegan con el límite y la contraposición de emociones a partir de paisajes oníricos y potentes melodías instrumentales. Tal vez la mejor muestra de esta ramificación del post-rock la encontramos en el demasiado olvidado Yanqui U.X.O. (2002), compuesto por los canadienses Godspeed You! Black Emperor y producido por uno de los gurús del género, Steve Albini. También los americanos Gregor Samsa y su 55:12 (2006), y los ingleses Yndi Halda con Enjoy Eternal Bliss (2007), han aportado su particular grano de arena a la visión más ensoñadora del rock. Sin embargo, y lamentablemente, parece que tan sólo Sigur Rós - que día a día van incrementando su legión de fans sin perder ni un ápice de honestidad - han podido llegar al final de la década manteniendo el nivel, acercándose cada vez más al pop y entregando obras tan espectaculares como la película Heima (2007) o los discos Takk... (2005) y Með suð í eyrum við spilum endalaust (2008).
Por otra parte, el post-rock también ha ido absorbiendo sonoridades jazzísticas, de las que ha heredado la improvisación y la capacidad de sorprender. En nuestro país tenemos un ejemplo excelente, los barceloneses 12twelve, que gracias a Speritismo (2003) y L'univers (2006) se han ganado un merecido reconocimiento nacional e internacional. Los norteamericanos Karate, la banda más significativa del "jazz-post-rock", también han publicado dos discos indispensables para los amantes del género: Some Boots (2002) y Pockets (2004), en los que dan rienda suelta a su virtuosidad al mismo tiempo que desarrollan melodías y estribillos de una sencillez extraordinaria.
No se puede acabar un repaso por las nuevas visiones del rock sin mencionar a Lisabö, Battles y Isis, tres de los grupos más contundentes de los últimos años y, posiblemente, los que han llevado más lejos la unión entre experimentación y hardcore. De los vascos Lisabö, destaca especialmente el sobresaliente y abrumador Ezlekuak (2007), mientras que Battles y su debut Mirrored (2007) hipnotizan con sus angustiosas capas de sonido y sus constantes cambios de ritmo. De Isis, sólo cabe decir que son los responsables de dos de los mejores álbumes de la década: Oceanic (2002) y In the Absence of Truth (2007).
Con todo, no hay indicios claros sobre cuáles van a ser los próximos pasos del rock. Lo que sí que parece evidente es que cada día hay más artistas a los que no les sirven sus rígidas (y quizás anticuadas) estructuras para expresarse.
martes, 16 de junio de 2009
Élena: Porelamordedios

Porelamordedios (2001) fue el álbum debut de la banda barcelonesa Élena, liderada por Helena Miquel y Raül Fernández. Un primer disco que, sin complejos, mezclaba todas y cada una de las influencias de los componentes del grupo y conseguía que el resultado fuera extraordinario. Sin duda, un rara avis del panorama nacional que debería ser revisado a menudo.
Uno tiene la sensación que si Élena hubiera sido la prioridad de sus principales cabezas visibles, ahora mismo estaríamos hablando de uno de los proyectos más relevantes de nuestro país. Pero, desgraciada o afortunadamente, Helena se unió a la conocida aventura de Facto Delafé y Las Flores Azules y Raül se ha centrado en una carrera más personal, en la que destacan los trabajos publicados bajo Refree y su papel de productor en multitud de discos. Sin embargo, Élena no se ha roto nunca como grupo (en 2003 publicaron el loado Present y este 2009 han regresado - sin Raül - con Un café setanta matins), aunque actualmente son más conocidos por la "otra banda de la cantante de Facto Delafé...".
Es una lástima. No se encuentran cada día propuestas como Porelamordedios, de elevado riesgo compositivo y delicioso gusto por la experimentación. Los ritmos y sonidos heredados de Mogwai, Yo La Tengo y My Bloody Valentine hacen único a un grupo que se enorgullece de haber bebido del circuito independiente británico y estadounidense.
Desde la inicial "Pure", la ensoñadora voz de Helena parece estar flotando por encima de una base armónica y rítmica completamente hipnotizadora. Esta es una fórmula repetida a lo largo del disco ("Km 103", "No Pattern"), que se alterna con canciones más convencionales -pero igual de inspiradas-, como "Julio Alberto" o "These Days" y otras de marcado tono borroso y oscuro: "Silent", "Satan Kingsize"... Aunque lo mejor viene al final, con esa maravillosa pieza titulada "Nadie Pero Mar" (que recuerda inevitablemente a la célebre "Ný Batterí" de Sigur Rós), un tema instrumental casi en su totalidad que logra poner el broche de oro a un debut impecable.
Porelamordedios corre el riesgo de caer en el olvido, a ser sólo la declaración de intenciones de uno de los grupos con más talento del país. Y Helena no se merece este pobre futuro.
Pure
Silent
Km 103
Julio Alberto
These Days
Nadie Pero Mar
lunes, 17 de noviembre de 2008
Sigur Rós: St. Jordi Club (BCN), 13-11-08
Los islandeses Sigur Rós dieron el pasado jueves 13 de noviembre una lección de talento, creatividad y espectáculo encima del escenario. Ante un público tan numeroso (la actuación tuvo que trasladarse de la sala Razzmatazz al St. Jordi Club) como entregado, el cuarteto exhibió con fuerza un repertorio que ya empieza a estar plagado de clásicos.
A falta de acompañamiento orquestal, Sigur Rós echaron mano de la potencia que ya está presente en sus discos - especialmente en sus últimas entregas. Sin embargo, el concierto empezó con un breve repaso de lo que para muchos sigue siendo su obra cumbre: Ágætis Byrjún. "Svefn-g-englar" y "Ný batterí" nos pusieron en contexto después de la actuación de los teloneros, For a Minor Reflection (también islandeses), que estuvo llena de buenas intenciones aunque desprendió una inevitable sensación de déjà vu, con su propuesta instrumental similar a Mogwai y a los propios Sigur Rós.
For a Minor Reflection
Después del emocionante paseo por Ágætis Byrjún, Jónsi y los suyos empezaron a interpretar canciones de Takk... y del nuevo Með suð í eyrum við spilum endalaust. Si más de uno ya creía que estos dos álbumes acercaban a Sigur Rós a una sonoridad más pop, en directo pudieron recoger argumentos de sobra para defender su teoría. "Glósóli", "Hoppípolla", "Sæglópur", "Gobbledigook" y "Inní mér syngur vitleysingur", esta última con explosión de confeti incluida, fueron las canciones más aplaudidas de un concierto en el que los islandeses mostraron una cara menos introspectiva que en sus discos pero infinitamente más brillante. El interminable crescendo de la final "Untitled 8 (Popplagið)", del injustamente menospreciado (), fue, literalmente, de vértigo.
También fueron destacables la escenografía y los juegos visuales que pudimos ver detrás de los componentes de la banda. Habían cámaras escondidas que filmaban a los músicos in situ, y la filmación se reflejaba en una pantalla-cortina con impactantes efectos. Cuando se corrió la cortina, dejó al descubierto una especie de galaxia formada por planetas y estrellas que arropó a la perfección a Jónsi para cantar la preciosa "All Right".
Jónsi logró emocionar con su particular e incombustible voz
En definitiva, el concierto de Sigur Rós acabó por confirmar que son uno de los grandes. Y que su directo es uno de los espectáculos musicales más emocionantes, coloristas y sensacionales que se pueden ver hoy en día.
Gobbledigook (Live)
Inní mér syngur vitleysingur (Live)
Glósóli (Live)
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