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martes, 2 de febrero de 2010

2000-2009: La banda sonora de una década (V)

The Decade in News Photographs, de The Big Picture: Una multitud de percusionistas tocan durante la Ceremonia Inaugural de los JJ.OO. en Beijing 2008. Getty Images / Adam Pretty

Capítulo 3. La herencia del grunge y las súper bandas. (2)

(para leer la primera parte de este capítulo, haz clic aquí)

El mismo Mike Patton también fue, aunque muy a su pesar, uno de los precursores de la oleada de grupos etiquetados bajo el polémico e impreciso paraguas del nu metal, caracterizado por la fusión del rock con estilos como el rap o el funk. De este subgénero creado en los 90 han perdurado más bien pocas propuestas destacables. Entre ellas, Incubus, Deftones y System Of A Down (SOAD).

Los californianos Incubus, liderados por Brandon Boyd, han evolucionado y modificado su sonido durante la década 2000-2009, alejándose de sus contundentes inicios para acercarse cada vez más a canciones de pop-rock "convencional", sin dejar de lado una personalidad forjada en casi 20 años de carrera. Se trata de un ejemplo paradigmático de continua transformación, que se hace patente en sobresalientes discos como Make Yourself (2000) o A Crow Left Of The Murder (2004).
En cambio, Deftones han mantenido intacta su versión más oscura del nu metal - que ya presentaron a mediados de los 90 con el influyente debut Adrenaline (1995) -, aunque han ido creciendo en cada entrega para acabar conformando una de las bandas más relevantes e indispensables del rock actual. Y es que los de Chino Moreno han facturado dos de los álbumes más exitosos de esta década: el claroscuro White Pony (2000) y el autorreferencial Deftones (2003).
A los separados-pero-no-disueltos SOAD el éxito les llegó en 2001, con la publicación de Toxicity, el que tal vez sea su disco más redondo hasta la fecha. Sus constantes cambios de ritmo, sus incontestables riffs y alguna que otra melodía pegadiza convirtieron este álbum en un clásico del género, y a canciones como "Chop Suey" en uno de los temas más escuchados de los últimos años. En 2005, SOAD editaron un ambicioso proyecto en formato doble disco, Mezmerize y Hypnotize, que recibió excelentes críticas del público y de la prensa especializada.

De las múltiples tendencias musicales que han resurgido durante la primera década del Siglo XXI, hay dos especialmente fructíferas que hacen referencia al rock y que están entrelazadas entre sí: la vuelta al sonido de los 70 y el garaje. Tal vez los grupos que mejor representan este regreso a los orígenes son, por una parte, The White Stripes, The Black Keys y The Strokes y, por otra parte, The Darkness y Mother Superior.

El famoso dúo Jack - Meg White (The White Stripes), así como el que forman Dan Auerbach y Patrick Carney (The Black Keys), practican rock con fuertes influencias del blues, ambos con instrumentaciones y grabaciones tan rudimentarias como efectivas. De los primeros destacan su impactante White Blood Cells (2001), su consagración Elephant (2003) y sus inolvidables canciones "Fell in Love with a Girl" y "Seven Nation Army". En cuanto a The Black Keys, se hace necesario mencionar sus sobresalientes Thickfreakness (2003) y Rubber Factory (2004), álbumes que no deberían faltar en la discoteca de ningún rockero que se precie. The Strokes, aunque más cercanos al indie que al sonido bluesero de las dos parejas anteriores, comparten el mismo espíritu revival. Y les ha ido medianamente bien: los discos Is This It (2001) y Room On Fire (2003) están repletos de canciones-himno, mientras que su última entrega, First Impressions of Earth (2006), no deja claro qué camino seguirán ni si serán capaces de repetir los éxitos logrados antaño.
Por otra parte, el auténtico sonido rock de los 70 volvió, por un período de tiempo quizás demasiado breve, con los olvidados The Darkness. La particular voz de Justin Hawkins y las brillantes composiciones que formaron Permission To Land (2003) y One Way Ticket to Hell... And Back (2005) les catapultaron automáticamente a lo más alto del rock británico. Lamentablemente, su ascenso fue tan rápido como su separación. Pero no todo está perdido para los aficionados al rock más añejo: mientras los estadounidenses Mother Superior sigan en pie, hay esperanza.

Y, viendo en perspectiva la década 2000-2009, podemos confirmar que también hay esperanza para el futuro del rock más contundente. Nuevas bandas con nuevos discursos, como The Mars Volta o Biffy Clyro, nuevas bandas con discursos no innovadores pero de gran calidad, como Dredg, o bandas que no son nuevas pero que siempre tienen discursos interesantes, como Nine Inch Nails o Cave In, garantizan la buena salud de un género que aún tiene mucho que decir.

jueves, 7 de enero de 2010

2000-2009: La banda sonora de una década (IV)

Fotos de la década de la Agencia Reuters: Manifestantes mostrando carteles de protesta detrás de Richard Fuhl, presidente y director ejecutivo de Lehman Brothers Holdings. REUTERS / Jonathan Ernst

Capítulo 3. La herencia del grunge y las súper bandas. (1)

Si hay un movimiento musical y social que define la década de los 90, éste es el grunge. Con Kurt Cobain como protagonista involuntario y Estados Unidos como escenario principal, la cultura del underground fue ganando cada vez más adeptos y sus bandas y cantantes proliferaron a un ritmo vertiginoso: Soundgarden, Mudhoney, Pearl Jam... De hecho, sólo es necesario recordar que, en casi todas las listas de discos de la época, el influyente Nevermind (1991) ocupa la primera posición como álbum más representativo.
Por otra parte, los 90 también llevaron, de la mano de grupos como Faith No More (FNM), Rage Against the Machine (RATM), Jane's Addiction o Red Hot Chili Peppers, la mezcla del rock más agresivo con ritmos procedentes del funk, rap, hip-hop, etc.
Contra todo pronóstico, entre el 2000 y el 2009, esa ebullición de estilos y personalidades ha derivado en un estancamiento del que más bien pocos han podido sobresalir.

A principios de la década 2000-2009, la herencia grunge de los 90 se dio suculentos caprichos que generaron, tal vez, demasiadas expectativas. Mientras el ex Nirvana Dave Grohl cosechaba grandes éxitos con su banda Foo Fighters - especialmente gracias a One By One (2002) -, Chris Cornell (ex vocalista de Soundgarden) y miembros de RATM se reunían para formar Audioslave, autores de verdaderas canciones-himno ("Like A Stone" o "Be Yourself") y destacables álbumes como su debut homónimo publicado en 2002. Sin embargo, la trayectoria de Audioslave fue de mal en peor, hasta llegar a su cantada y definitiva disolución en 2007.

Suerte bien diferente es la que han corrido Pearl Jam, a los que se les puede considerar como únicos supervivientes del espíritu grunge más añejo. Después de un inicio de década más bien crítico, Eddie Vedder y los suyos recuperaron su mejor versión y editaron, en 2006, el magnífico y contundente Pearl Jam, que hizo devolver la esperanza a los más agnósticos. Además, el propio Vedder se encargó de componer e interpretar la banda sonora de la película de Sean Penn Into the Wild (2007), por la que se llevó el Globo de Oro a la mejor canción original y en la que mostró una faceta muy distinta de su música, más cercana al folk. Otro de los conjuntos que han dejado un buen sabor de boca durante esta diez años han sido Queens of the Stone Age (QOTSA).

Con discos imprescindibles como Rated R (2000) y Songs for the Deaf (2002), QOTSA son un ejemplo paradigmático de una de las constantes de la década: las súper bandas. En QOTSA, Mark Lanegan (ex cantante de Screaming Trees), Josh Homme (ex guitarrista de Kyuss) y otros destacados músicos han logrado sacar lo mejor de sí mismos en pro de un proyecto común. De la misma manera, Maynard James Keenan (vocalista de Tool), Jeordie White (ex bajista de Marilyn Manson) y Josh Freese (batería de una innumerable cantidad de formaciones) se han encontrado en A Perfect Circle, autores de los espectaculares Mer de Noms (2000) y Thirteenth Step (2003). Por no hablar de Porcupine Tree, que, liderados por el prolífico Steven Wilson, han firmado discos excelentes como In Absentia (2002), Fear of a Blank Planet (2007) o The Incident (2009).

Uno de los especialistas en la creación de súper bandas ha sido el polifacético Mike Patton. En 1999, y después de la disolución de FNM (recientemente vueltos a reunir), el bueno de Patton empezó una aventura indescriptible de rock experimental titulada Fantômas, junto a Dave Lombardo (batería de Slayer, otro grupo muy inspirado esta década), Buzz Osborne (guitarrista de Melvins) y Trevor Dunn (ex bajista de Mr. Bungle). Un año más tarde, Patton se unió con el guitarrista Duane Denison (de The Jesus Lizard) para formar Tomahawk. Hasta hoy, las dos bandas siguen en activo y Patton no ha dejado de lado ninguno de sus otros múltiples proyectos personales, entre los que destaca su disco "pop" Peeping Tom (2006).

(Este capítulo continuará en la siguiente entrega)

lunes, 14 de diciembre de 2009

2000-2009: La banda sonora de una década (III)

Fotos de la década de la Agencia Reuters: El Primer Ministro de Israel, Ariel Sharon, mira a través de un par de binoculares con las tapas de las lentes aún puestas. REUTERS / Nir Elias

Capítulo 2. Nuevas visiones del rock.

En 1999, el cuarteto islandés Sigur Rós publicó su segundo disco, titulado Ágætis byrjun ("Un buen comienzo"), que, efectivamente, supuso el inicio perfecto para la repercusión a escala mundial del post-rock, un estilo musical originado a mediados de los 90. Bajo esta confusa etiqueta se han llegado a clasificar grupos y artistas tan dispares como Isis y Karate, que, aunque ciertamente no tienen demasiado que ver entre ellos, sí que comparten una característica en común: la voluntad de experimentar con el rock, incorporándole elementos propios de otros géneros y buscando nuevos lenguajes y vías de expresión. La década 2000-2009 ha visto que, con frecuencia, las estructuras rígidas del rock más tradicional se han ido diluyendo para dar paso a propuestas cada vez más inclasificables.

Entre ellas, se encuentran las llevadas a cabo por bandas como Mogwai o Explosions in the Sky, que continuamente juegan con el límite y la contraposición de emociones a partir de paisajes oníricos y potentes melodías instrumentales. Tal vez la mejor muestra de esta ramificación del post-rock la encontramos en el demasiado olvidado Yanqui U.X.O. (2002), compuesto por los canadienses Godspeed You! Black Emperor y producido por uno de los gurús del género, Steve Albini. También los americanos Gregor Samsa y su 55:12 (2006), y los ingleses Yndi Halda con Enjoy Eternal Bliss (2007), han aportado su particular grano de arena a la visión más ensoñadora del rock. Sin embargo, y lamentablemente, parece que tan sólo Sigur Rós - que día a día van incrementando su legión de fans sin perder ni un ápice de honestidad - han podido llegar al final de la década manteniendo el nivel, acercándose cada vez más al pop y entregando obras tan espectaculares como la película Heima (2007) o los discos Takk... (2005) y Með suð í eyrum við spilum endalaust (2008).

Por otra parte, el post-rock también ha ido absorbiendo sonoridades jazzísticas, de las que ha heredado la improvisación y la capacidad de sorprender. En nuestro país tenemos un ejemplo excelente, los barceloneses 12twelve, que gracias a Speritismo (2003) y L'univers (2006) se han ganado un merecido reconocimiento nacional e internacional. Los norteamericanos Karate, la banda más significativa del "jazz-post-rock", también han publicado dos discos indispensables para los amantes del género: Some Boots (2002) y Pockets (2004), en los que dan rienda suelta a su virtuosidad al mismo tiempo que desarrollan melodías y estribillos de una sencillez extraordinaria.

No se puede acabar un repaso por las nuevas visiones del rock sin mencionar a Lisabö, Battles y Isis, tres de los grupos más contundentes de los últimos años y, posiblemente, los que han llevado más lejos la unión entre experimentación y hardcore. De los vascos Lisabö, destaca especialmente el sobresaliente y abrumador Ezlekuak (2007), mientras que Battles y su debut Mirrored (2007) hipnotizan con sus angustiosas capas de sonido y sus constantes cambios de ritmo. De Isis, sólo cabe decir que son los responsables de dos de los mejores álbumes de la década: Oceanic (2002) y In the Absence of Truth (2007).

Con todo, no hay indicios claros sobre cuáles van a ser los próximos pasos del rock. Lo que sí que parece evidente es que cada día hay más artistas a los que no les sirven sus rígidas (y quizás anticuadas) estructuras para expresarse.

martes, 1 de diciembre de 2009

2000-2009: La banda sonora de una década (II)

Fotos de la década de la Agencia Reuters: El juez Robert Rosenberg, miembro de la mesa electoral del Condado de Broward, analiza uno de los votos considerados “cuestionables” después de las elecciones norteamericanas. Una vez llevada a cabo la revisión, el voto se lo llevó el candidato presidencial republicano, George W. Bush. REUTERS / Colin Braley

Capítulo 1. La masificación del indie.

Auténtico reflejo de una época confusa, podríamos establecer el imprescindible Kid A (2000) de Radiohead como punto de inicio de la década musical en el terreno indie. Una obra imperecedera y compleja en la que el quinteto de Oxford volvía a sorprender a crítica y público, desviándose del camino marcado por su célebre e influyente OK Computer (1997). Kid A -así como el inmediatamente posterior Amnesiac (2001)- fue, por muchos, el álbum que introdujo las nuevas pautas para el futuro rock alternativo: ampliación de límites, mezcla de estilos, experimentación con la electrónica y progresiva pérdida de significado (si es que alguna vez lo tuvo) de la etiqueta “indie”.

Las producciones independientes, tan loadas y loables desde mediados de los 80, parecieron, durante mucho tiempo, reservadas para un tipo de público muy concreto necesitado de música que fuera más allá de las radiofórmulas. En el año 2000, con la generalización de uso de Internet, la concepción de la música y la cultura indie estaba evolucionando hacia una completa democratización. Y no tan sólo porque el acceso a esta cultura se convirtió en algo mucho más sencillo, sino que la imparable generación de contenidos, el boca a boca y los distintos sistemas de recomendación (desde Napster hasta Last.fm, pasando por Myspace) permitieron que muchos de nosotros descubriésemos una cantidad de artistas casi inabarcable. Las empresas, en su mayoría multinacionales, sacaron tajada de la situación, patrocinando festivales, bandas y cantantes que años atrás se jactaban de ser independientes. El indie se había masificado. Sin embargo, aún hoy continúa siendo un buen paraguas en el que agrupar algunos de los álbumes y grupos más destacados de la década.

El 2000 fue el año de debut de la banda de rock alternativo que más éxito ha cosechado durante este decenio: Coldplay. Con su primer disco, Parachutes, introspectivo y lleno de grandes momentos, pocos podíamos intuir el enorme crecimiento de la banda liderada por el histriónico Chris Martin. Con el irregular A Rush of Blood to the Head (2002), los británicos consiguieron llegar a todo tipo de audiencias, gracias a inspiradas canciones como “Clocks”, “In My Place” o “The Scientist”, mientras que el redondo X&Y (2005) y el fallido Viva la Vida or Death and All His Friends (2008) acabaron por confirmarlos como el grupo llena-estadios que son en la actualidad.
Un camino similar es el que han seguido los también británicos Muse, aunque con una propuesta muy alejada de la de sus compatriotas. En 2001, el trío publicó Origin of Symmetry, que seguía la estela de su remarcable debut, Showbiz (1999). Absolution (2003) les encumbró finalmente -y con justicia- como uno de los estandartes imprescindibles del rock del momento y una de las bandas con más proyección de futuro. Potentes y emocionantes, pero ante todo con una ambición sin igual, Matthew Bellamy y los suyos consiguieron entablar un discurso propio, que evidenciarían posteriormente con Black Holes and Revelations (2006) y The Resistance (2009).
Otra de las bandas inglesas indies que ha logrado una destacable legión de fans durante estos diez años es Placebo, que ya habían firmado dos grandes discos en los 90. Gracias a Black Market Music (2000), Sleeping With Ghosts (2003) y a canciones sin complejos como “Special K”, “Taste in Men” o “This Picture”, pudieron sobrepasar todas las fronteras y obtener el reconocimiento internacional que merecían.

De las muchas sorpresas que nos ha deparado esta década en el terreno alternativo, destaca por encima de las demás la de los canadienses Arcade Fire. Con tan sólo dos álbumes en su haber, Funeral (2004) y Neon Bible (2007), este numeroso grupo se ha convertido en la revelación de la temporada. Su estilo inigualable y la calidad de sus composiciones han encandilado a medio mundo y les han hecho valedores de la condición de referente imprescindible. De hecho, no es hasta 2008 cuando les aparece un serio competidor: el impresionante y barroco debut de Fleet Foxes.

Desde una perspectiva más puramente rock, estos diez años se han caracterizado por la proliferación de hits instantáneos (y peligrosamente efímeros), de los que Arctic Monkeys han sido los reyes indiscutibles. Aún así, se han publicado obras más que sobresalientes: el sorprendente Silent Alarm (2005) de Bloc Party, el rápido A Certain Tiger (2005) de Maxïmo Park, el elegante Boxer (2008) de The National, el psicodélico Yoshimi Battles the Pink Robots (2002) de The Flaming Lips o los perfectos Send Away The Tigers (2007) y Journal for Plague Lovers (2009) de unos rejuvenecidos Manic Street Preachers son un buen ejemplo. Por no hablar de The Life Pursuit (2006), un compendio de canciones completamente pegadizas a cargo de los también rejuvenecidos Belle And Sebastian.

Como sucede en todas las décadas, hay una serie de discos que han permanecido más o menos ocultos y que iremos descubriendo en los próximos años. No obstante, ya hay algunas de estas joyas indies que me atrevo a mencionar. En primer lugar, los discos hipnóticos titulados Cold House (2001) y Outside Closer (2005) del trío de Leeds Hood. En segundo lugar, pero no por eso menos importante, el delicioso The Trials of Van Occupanther (2006) de los superdotados Midlake. Y tampoco debemos olvidarnos del necesario Drums and Guns (2007) de Low ni de los discos publicados por Lambchop y Marah durante estos 10 años.

Pero si hay una banda que ha reunido una discografía del todo imprescindible en esta década, esa ha sido la estadounidense Wilco. Desde los más complejos Yankee Hotel Foxtrot (2002) y A Ghost is Born (2004) hasta los más clásicos Sky Blue Sky (2007) y Wilco (2009), la banda de Jeff Tweedy ha ido superándose en cada entrega, andando su propio camino y regalándonos canciones que ya forman parte de la historia del rock.

jueves, 26 de noviembre de 2009

2000-2009: La banda sonora de una década (I)

Introducción. El mundo, versión 2.0.

Para el mundo occidental, el período 2000 - 2009 ha estado lleno de cambios, transformaciones sociales y, probablemente, más música que nunca. Una década que, a grandes rasgos, ha sido contradictoria; que empezó con G. Bush en la Casa Blanca y que acabará con Obama; que generalizó el uso de Internet al mismo tiempo que los políticos, la publicidad y los otros medios de comunicación no acaban de sacarle partido; que nos localizó mientras nos sentimos francamente perdidos; que nos descubrió el MP3 para que nos acordásemos del vinilo y que nos aportó un montón de información para que acabásemos convencidos de que somos una sociedad malinformada.

Bajo el prisma estrictamente musical, ésta ha sido una década convulsa y, también frecuentemente, contradictoria. Hemos asistido al resurgir del folk, a revivals constantes del rock de los 60-70, a la paulatina destrucción de la industria discográfica en una época de ebullición creativa y a la electrónica como base del nuevo rock.

En la serie de artículos 2000-2009: La banda sonora de una década, intentaré recuperar algunos de los momentos más gloriosos que nos ha dado el mundo musical en estos 10 años.
Como diría aquél: modestia aparte.