
La industria discográfica parece vivir en un inquietante standby desde que internet y el mp3 llegaron a nuestros hogares. La reacción de las discográficas hacia esta innegable evolución tecnológica ha sido mayoritariamente en negativo: desde el cierre de Napster hasta el trato de delincuente y la continua persecución de todo aquél que se baja música a través de plataformas P2P. Cambios en positivo hay pocos. De los más significativos, encontramos la legalización de la descarga de canciones previo pago y la incursión de material extra (DVD's, rarezas...) en los CD's. Por contra, las discográficas se dan una y otra vez contra la misma pared y da la sensación que funcionan a ciegas, a verlas venir. Se niegan a asumir que se ha cambiado de ciclo y que se les ha escapado el control de la distribución musical.
Lo más preocupante es que no ofrecen alternativas al panorama actual. Su negocio ha sufrido una de las debacles más importantes de la historia, pero siguen sin enfocar bien la causa.
Es evidente que las nuevas tecnologías han facilitado la reproducción y la grabación de material musical y que la venta de discos ha descendido en la última década. Pero es en esta misma década en la que ha aparecido un mayor número de bandas y cantantes, gracias a la gran cantidad de recursos de los que disponen actualmente. El fenómeno indie tiene su mejor soporte en internet; es en la red donde los grupos no dependen absolutamente de nadie para dar a conocer su obra, con lo que pueden desarrollar su música sin ataduras de ningún tipo y sin la presión comercial. Internet también es el medio ideal para los nuevos creadores, que ven que su futuro dependerá en gran parte del volumen de conciertos que tengan contratados, y no de las ganancias - escasas - que puedan obtener de la venta de sus discos.
Las grandes discográficas no ven otra salida que la de siempre: crear hits y listas de éxitos, organizar macro-espectáculos, vender la-cara-bonita... Y han añadido la descarga de politonos como elemento esencial en su plan de distribución. Juegan hipócritamente, sabiendo que aún tienen mucho poder, postulándose como los salvadores de la música que luchan contra el enemigo: la piratería.
Así que esperemos que cada vez estas discográficas tengan menos poder y que cada vez haya más artistas dispuestos a enseñarnos su música. Y que nosotros les recompensemos como se merecen.